Desde su concepción, esta vivienda fue pensada como una totalidad: un proyecto integral que abraza el diseño desde la estructura hasta el alma de cada ambiente. No se trata solo de una casa, sino de un modo de habitar el tiempo, la luz y la intimidad.
La casa se organiza en tres alturas, con un hall de ingreso de doble altura como núcleo articulador, rodeado de ventanales que inundan de luz y conectan visualmente los niveles.
En planta baja se desarrolla el área social, integrada a patios internos que permiten la entrada de luz natural y ventilación cruzada. En un ala independiente se ubica el dormitorio principal, garantizando privacidad sin perder conexión con el resto de la casa. La planta alta alberga dos dormitorios secundarios con vistas al espacio central.
En el fondo del lote se proyectó un quincho para 25 personas, con cava, cocina y expansión hacia la pileta, que actúa como vínculo entre lo construido y el jardín.
El lenguaje material contrasta un exterior sobrio y oscuro con un interior luminoso, cálido, dominado por tonos neutros, piedra natural y madera. Cada elección responde a una lógica funcional, pero también busca generar atmósferas que inviten a habitar con calidad y sentido.