La libertad no es un lujo del diseño: es su condición fundante. Solo en ausencia de fórmulas se construye lo esencial.
Esta residencia nace de esa premisa.
Un proyecto donde la forma no se impone, sino que emerge, orgánica, etérea, conectada al paisaje. Los volúmenes se abren con intención; no buscan encerrar, sino liberar. Paneles vidriados de piso a techo disuelven los límites. La madera aporta calidez, el mármol ordena, la luz —precisa— talla el espacio.
En el centro, una escalera escultórica organiza la circulación como si fuera una espina dorsal: estructura y movimiento.
Las losas voladas extienden el gesto arquitectónico hacia el horizonte, afirmando una voluntad de expansión.
Aquí, la arquitectura no divide: vincula. El interior y el exterior no son opuestos, sino partes de una misma verdad espacial. Porque toda obra auténtica no es solo un refugio: es un acto de coherencia entre materia, función y emoción.
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FOTOS: VALENTINO STUDIO