Implantar en esquina fue casi una provocación. Tres alturas dialogan sin imponerse: un hall de 6 metros recibe y ordena. el corazón de la casa se abre a un árbol central, enmarcado por un gran paño vidriado.
Pasillos de vidrio atraviesan el verde, sin interrumpirlo.
La casa se recorre como un museo: secuencial, contemplativa.
Piedra natural, madera maciza y una cinta de hormigón definen el límite.
El recorrido es fluido; el habitar, introspectivo.
Arquitectura como paseo, como experiencia.
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